Walter Mitty y el Negativo #25 (Reseña)

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En inglés, según el diccionario, un Walter Mitty es una persona que tiene sueños de grandeza que jamás ve realizados. Una especie de "soñador ineficiente e indefenso".

En La vida secreta de Walter Mitty (remake de la clásica historia de James Thurber, publicada como cuento en 1939 por The New Yorker y filmada posteriormente en 1947), el actor/director Ben Stiller encarna a un celoso técnico de laboratorio de la celebérrima revista LIFE, quien es responsable de revelar, imprimir, clasificar y archivar la película enviada por docenas de corresponsales apostados alrededor del mundo, ignorando que su pálida vida está a punto de cambiar radicalmente a partir de la llegada de un grupo de transición, mismo que se encuentra a cargo de consolidar la (cruel) migración de la revista física a una plataforma digital. El argumento de la cinta se basa primeramente en la tendencia del personaje principal, encarnado por Stiller, a soñar (salvajemente) despierto y, en segundo plano, en su apasionada búsqueda del "negativo #25", al cual alude el título de esta entrada.

La imagen, producida por el fotógrafo ficticio Sean O'Connell (interpretado por un ecuánime Sean Penn) supuestamente ha destilado "la quintaesencia de la vida" y deberá ser la portada del último número impreso de la emblemática publicación, pero el preciado fotograma en blanco y negro ha desaparecido misteriosamente y es entonces que Mitty se embarca, literal y casi espiritualmente, en una cruzada personal, fantástica y realista por igual, para encontrar la foto perdida, a su autor y, tal vez, a sí mismo... Todo antes del rotundo cierre de edición de una de las revistas fundamentales del fotoperiodismo mundial.

De hecho, fue precisamente The New Yorker  quien criticó ácidamente y durante décadas el énfasis de LIFE en favorecer descaradamente a la imagen fotográfica por encima de sus contenidos escritos, diciendo que los subscriptores no podían llamarse, en toda justicia, verdaderos lectores. La hiperabundancia de fotos que hoy satura la Internet demuestra que los editores de LIFE y su fino instinto no estaban equivocados: la imagen ha terminado por desplazar a la palabra.

Hoy Ben Stiller nos regala una cinta llena de referencias fotográficas, filmada espléndidamente por el cinefotógrafo neozelandés Stuart Dryburgh en locaciones espectaculares: del caótico Nueva York a la gélida Groenlandia, de ahí a la volcánica Islandia y, finalmente, a la inhóspita cordillera del Himalaya afgano.

No, verla no va a cambiarte la vida; y sí, la veterana Shirley McLaine está estupenda en un cameo breve, pero jugoso, como la anciana madre de Mitty, al igual que Penn en su rol de esteta/filósofo con una Nikon F3-T (forrada de titanio y con motor de arrastre rápido); sin embargo, lo que coloca a La vida secreta de Walter Mitty en mi lista de pelis entrañables con tema fotográfico es su innegable belleza visual apoyada por una excelente banda sonora, así como su sentido y nostálgico homenaje a la imagen análoga y su innegable impacto en nuestras vidas como especie pensante, aunque no siempre inteligente.

Al llegar a casa, desenterré un pequeño tesoro: la edición del 60 aniversario de LIFE (octubre, 1996), la cual ostenta al frente lo que en ese entonces era un revolucionario fotomosaico, creado por el genio en computadoras, Rob Silvers, del famoso Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

La imagen, que a la distancia representa a una sonriente y siempre sexy Marilyn Monroe, fue creada a partir de una selección algorítmica precisa de 616 portadas de la icónica revista, elegidas de entre las (aproximadamente) 2,128 que fueron publicadas de 1936 a 2007, hasta que, como lo narra la cinta de Stiller, ésta dejó de producirse, dejando un vacío imposible de llenar, aún por su versión en línea, la cual sigue disponible como parte del conglomerado de empresas adquiridas por el gigante Getty Images, que hoy pone a disposición del público su fabuloso catálogo de imágenes e historias, muchas de las cuales se han convertido ya en parte de nuestro inconsciente colectivo.

Para asombrarte y conmoverte con lo que aún queda de LIFE, basta con hacer clic sobre el apartado Source, al final de esta pieza.

 

Sigamos soñando... y haciendo fotos.

RGS

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